
El Toyota Land Cruiser 250 2.8D MHEV es un regreso a los orígenes: un todoterreno sin pretensiones de lujo, capaz de lo imposible en terreno difícil y con la fiabilidad que caracteriza a la marca. Frente a la generación anterior, Toyota ha hecho bien en simplificar: menos peso, menos complejidad, más coherencia. El motor de 204 CV y 500 Nm es suficiente para mover los 2.755 cc con dignidad, aunque su carácter rudo y sonoro recuerda que estamos ante un diésel de corte clásico, no una joya de refinamiento. El consumo WLTP de 10,7 l/100 km es optimista; en la realidad, especialmente en ciudad, ronda los 13,3 l/100 km según ciclo urbano. Eso es lo que es: un todoterreno, no un sedán eficiente.
El espacio es generoso: 556 litros de maletero, siete plazas y dimensiones contenidas (4.925 mm de largo) lo hacen práctico sin ser un mastodonte. La tracción total permanente, los diferenciales bloqueables y el sistema Multi Terrain Select son herramientas de verdad, no marketing. En terreno complicado, el Land Cruiser es prácticamente imbatible en su segmento. El interior es honesto: plásticos duros, acabados funcionales, nada de postureo. Eso es un acierto en un coche de este tipo, aunque la instrumentación analógica y el multimedia básico quedan anticuados frente a rivales más modernos.
El precio de 97.500 euros es alto, pero coherente con lo que ofrece: un todoterreno capaz, duradero y con la garantía de tres años de Toyota. No es un coche para quien busca confort de autopista o eficiencia de combustible; es para quien necesita un vehículo que no falle, que suba donde otros no llegan y que siga funcionando cuando todo lo demás se rinde. En eso, el Land Cruiser sigue siendo una leyenda.
El Land Cruiser 250 es para el conductor que necesita un todoterreno de verdad: propietarios de fincas, profesionales que trabajan en terreno difícil, familias que viajan a zonas remotas o simplemente amantes del off-road que valoran la capacidad sobre el confort. Requiere entre 15.000 y 25.000 km anuales de uso mixto (carretera y terreno). No es recomendable para quien busca eficiencia de combustible, refinamiento de autopista o tecnología multimedia moderna; tampoco para conductores urbanos que solo necesitan un SUV por imagen.
El Toyota Land Cruiser 250 2.8D MHEV es un todoterreno honesto que cumple su promesa: capacidad extrema, durabilidad probada y coherencia total con su propósito. El motor diesel de cuatro cilindros es su punto débil, pero no traiciona la propuesta. A 97.500 euros es caro, pero no injustificado si lo que buscas es un vehículo que no falle en condiciones extremas. Recomendamos compararlo con el Jeep Wrangler (más deportivo, menos capaz en terreno técnico) y el Land Rover Defender (más moderno, menos fiable). Nota: 7.8/10.
| Precio | 87.950 EUR |
| Potencia | 204 CV |
| Segmento | SUV |
| Combustible | diesel |
| Transmision | automatica |
| Traccion | total |
| Longitud | 4925 mm |
| Maletero | 556 l |
| Plazas | 7 |
| Vel. maxima | 165 km/h |
| Origen | Japón |
| Version | CV | Precio | Consumo WLTP |
|---|---|---|---|
| 250 2.8D MHEV VX | 204 | 87.950 EUR | 10.2 |