El 520i es la puerta de entrada de gasolina a un Serie 5 que sigue siendo mejor diésel que gasolina, y los números lo confirman.
Es la 2.ª de 7 versiones a la venta, ordenadas de menos a más dinero. Cuesta 100 € más que la 520d, que abre la gama.
Al homologado se le suma lo que se queda corto en carretera, medido en el catálogo.
El 520i es la segunda escalada de acceso a la gama Serie 5, apenas 100 euros por encima del 520d y con la misma carrocería, maletero de 520 litros y equipamiento de serie. La diferencia está bajo el capó: 208 CV y 330 Nm de par frente a los 197 CV y 400 Nm del diésel, que además consume 0,7 l/100 km menos en el ciclo WLTP (5,1 frente a 5,8) y ofrece 142 km más de autonomía homologada con el mismo depósito de 60 litros. Para quien recorre muchos kilómetros al año, el 520d sigue siendo la opción más racional dentro de la propia gama; el 520i tiene sentido sobre todo para quien circula poco por autovía o quiere evitar la complejidad mecánica de un diésel sin subir al terreno de los híbridos enchufables.
En el día a día, el 520i entrega buena respuesta en carretera gracias a sus 330 Nm, aunque se nota su origen de 4 cilindros 2.0 en un sedán de casi 1.800 kg: el consumo real en autovía sube con facilidad por encima de los 7 l/100 km frente al 5,8 WLTP declarado. Frente al Mercedes-Benz Clase E 200 (204 CV, 65.291 euros), el BMW cuesta 1.741 euros menos, tiene 4 CV más y gasta 0,6 l/100 km menos en WLTP, aunque el Mercedes le saca 20 litros de maletero. El Skoda Superb Selection 2.0 TSI (204 CV, 50.000 euros) ofrece 125 litros más de maletero y un precio 13.550 euros inferior, aunque con un acabado y una imagen de marca muy distintos.
El equipamiento de serie incluye pantalla táctil de 14,9 pulgadas, cuadro digital de 12,3 pulgadas, tapicería de cuero sintético Veganza, asientos delanteros con calefacción y climatizador bizona, un nivel similar al resto de la gama por debajo del 540d. Las llantas de 18 pulgadas de serie son razonables para el segmento, sin penalización extra en neumáticos frente a versiones con calzado mayor.
Pensado para quien prioriza un motor de gasolina sobre el diésel de la gama, por uso mayoritariamente urbano o interurbano donde el consumo diferencial pesa menos, y quiere evitar la complejidad mecánica de un diésel sin dar el salto al híbrido enchufable. Encaja en conductores de entre 10.000 y 20.000 km al año que valoran la respuesta inmediata de un gasolina atmosférico turboalimentado frente al par más elástico del diésel.
El 520i cumple como alternativa de gasolina dentro de la gama, pero el 520d le gana en casi todos los números que importan para un sedán de representación: menos consumo, más autonomía y más par, por apenas 100 euros menos. Solo tiene sentido para quien descarta el diésel por principio o por uso predominantemente urbano. Frente al Mercedes Clase E 200 sale ganando en precio y consumo; frente al Skoda Superb, pierde en maletero y precio pero gana en imagen de marca y equipamiento de serie. Nota: 7,6/10.
| Potencia | 208 CV |
| Par | 330 Nm |
| Cambio | Automático |
| Tracción | Trasera |
| Consumo WLTP | 5,8 l/100 |
| Emisiones de CO₂ | 130 g/km |
| Batería | 1,0 kWh |
| Autonomía WLTP | 1.034 km |
| 0 a 100 km/h | 7,5 s |
| Velocidad máxima | 230 km/h |
| Largo | 5.060 mm |
| Peso | 1.800 kg |
| Maletero | 520 l |
| Plazas | 5 |
| Euro NCAP | 5 estrellas |
| Garantía | 2 años |
102 elementos de serie. Los opcionales de pago no cuentan.
| Versión | Potencia | Precio |
|---|---|---|
| 520d | 197 CV | 63.450 € |
| 520i | 208 CV | 63.550 € |
| 520d xDrive | 197 CV | 66.150 € |
| 530e | 299 CV | 73.350 € |
| 530e xDrive | 299 CV | 75.900 € |
| 540d xDrive | 303 CV | 79.150 € |
| 550e xDrive | 489 CV | 90.100 € |